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SAN ISIDRO LABRADOR


Imágenes de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza que se veneran en la Colegiata de San Isidro de Madrid

Imagen de San Isidro que se venera en la Iglesia Parroquial de San Francisco de Paula de Torrequebradilla.

Historia de San Isidro

La tradición cuenta que Isidro Quintana Merlo nació en la calle del Aguila nº 1 de Madrid hacia el año 1082. Sus padres, cristianos mozárabes, le impusieron ese nombre en honor a San Isidoro de Sevilla, cuya fiesta se celebra el 4 de abril. Como por entonces existía la costumbre de imponer a los recién nacidos el nombre del santo en cuyo día nacían, algunos autores aseguran que debió nacer en esa fecha.

Al parecer, San Isidro realizó sus primeros trabajos como pocero, aprovechando la gran facilidad que tenía para encontrar manantiales subterráneos. Algunos de los pozos que hizo o que tuvieron que ver con sus milagros se conservan todavía en Madrid. 

En el año 1108, tras la muerte del rey Alfonso VI, los almorávides invaden Madrid, lo que fuerza a muchas familias a abandonar la villa y refugiarse en otros pueblos del norte. Este fue el caso de Isidro, que abandona Madrid para instalarse en el madrileño pueblo de Torrelaguna, donde tenía algunos parientes. Aquí trabajó labrando tierras y conoció a la que sería su esposa, María Toribia, luego conocida como Santa María de la Cabeza, hija como él de cristianos mozárabes y de gran religiosidad. 

En Torrelaguna, Isidro se dedica a las faenas del campo, mientras María se encarga de la casa y acude diariamente a la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, donde además de rezar, se ocupa de limpiar la ermita, encender las lámparas, vestir a la virgen, etc. Los dos forman un matrimonio religioso y ejemplar que ayuda a los más necesitados, siendo apreciados por sus vecinos. 

Desde Torrelaguna, el matrimonio se traslada a Talamanca para ocuparse de las tierras del noble caballero madrileño Iván de Vargas. En este pueblo ocurrió, según la tradición, un hecho milagroso: las malas lenguas extendieron el rumor de que María Toribia, cuando iba a visitar la ermita de la Virgen, se “entendía” con los pastores de la vega del Jarama. Los rumores llegan a Isidro, quien un día decide en secreto vigilar a su esposa y escondiéndose tras los matorrales observó cómo María regresaba de la ermita por el otro lado del río. Al llegar a la orilla, ella levantó la cabeza, hizo la señal de la cruz, tendió su manto sobre el río, se puso de pie encima de él y “andando como si andara por tierra firme” atravesó el río. A la vista de este hecho, Isidro comprendió que todo habían sido calumnias por lo que volvió a confiar en la inocencia y santidad de su esposa.

Casa donde vivió San Isidro (Madrid)

 En el año 1109, Iván de Vargas pide a Isidro que se traslade a su hacienda de Madrid donde tenía grandes posesiones: unas de regadío por donde hoy se encuentra la ermita de la Virgen del Puerto, otras de secano en lo que hoy se conoce como la Pradera del Santo y otras situadas más lejos, en los Carabancheles. Isidro accede y se aloja junto a su mujer en una de las casas de su señor, junto a la iglesia de San Andrés. Desde aquí, Isidro cruzaba todos los días la muralla madrileña por la puerta del Moro en dirección a las tierras de la ribera del Manzanares, no sin antes visitar varias iglesias para hacer oración, especialmente las de Santa María  y la Virgen de Atocha, de quien era gran devoto, lo que provocaba que algunas veces llegase más tarde a su lugar de trabajo.

 Las críticas no tardaron en llegar a oídos de Iván a través de algunos de los labradores de los campos próximos, quienes le comunicaron que Isidro, además de llegar tarde al trabajo no hacía ni la mitad de lo que estaba obligado a hacer. Iván decidió comprobar los hechos y se escondió en un cerro cercano a los campos que Isidro debía trabajar. En efecto vio que llegaba tarde y cuando se disponía a salir de su escondite para regañarle volvió a mirar hacia su campo viendo que Isidro araba con su yunta escoltado por otras dos yuntas de color blanco, una a cada lado. Esto fue interpretado por Iván como un milagro, suponiendo que las yuntas blancas estarían dirigidas por ángeles. Entonces se acercó a Isidro y le dijo: “Te ruego que me digas, carísimo, por Dios nuestro Señor, a quien sirves con fidelidad, quiénes eran los que hace poco te ayudaban en la labranza. Los he visto con mis ojos y de repente han desaparecido”. Isidro respondió “En presencia de Dios a quien sirvo según puedo, honradamente os digo, que en esta agricultura ni he llamado ni he visto a nadie para que me ayude, sino sólo a Dios, a quien invoco y tengo en mi amparo”. El amo respondió: “Menosprecio todo cuanto me dijeron de ti los aduladores y chismosos, y de ahora en adelante pongo bajo tu mano todo lo que poseo en este campo y dejo a tu libre voluntad todo lo que se ha de hacer”.

“San Isidro y el milagro de la fuente” de José Conchillos. En este cuadro se observan dos yuntas arando dirigidas por ángeles.

Este hecho se ha convertido en uno de los milagros más conocidos del santo. Tanto es así que algunas de sus imágenes actuales incorporan a los pies del santo una yunta arando tirada por un ángel, como es el caso de la imagen que se venera en Torrequebradilla.

 Otro milagro famoso ocurrido en vida del santo tuvo como protagonista a su hijo Illán (o Juan). Según documentos de la época, había dentro de la casa “un pozo de agua, cuyo brocal era bastante bajo, y arrimándose un día María a él hizo la criatura un movimiento repentino y desprendiéndose de los brazos de su madre cayó en el pozo, cuya profundidad era mucha. Estaba el santo en el campo y viéndose María sola, no sabía qué hacer: lloraba sin consuelo la desgracia con la pena que se puede discurrir de una buena madre en caso tan lastimoso”. Cuando regresó Isidro del campo y su mujer le contó lo sucedido “se pusieron ambos en oración pidiendo a nuestro Señor que por su Santísima Madre les consolase en aquella aflicción. Conforme hacían oración, las aguas iban creciendo y subiendo, hasta que llegaron a igualar con el brocal. Encima, en la superficie de ellas, subió el niño, vivo y risueño, dando golpes con las manecitas en el agua y como jugando con aquel elemento que poco antes le había servido de sepulcro”.

“El milagro del Pozo”, cuadro de Alonso Cano (1638-1640)

Museo del Prado (Madrid)

Isidro dedicó toda su vida a la labranza del campo, a arar, barbechar, limpiar, podar.....Este trabajo le gustaba y a él se entregaba incansablemente, pero siempre procurando tener un rato libre para dedicarlo a Dios, a sí mismo y a su familia. Es decir, trabajaba pero no era esclavo de su trabajo.

 La devoción de Isidro y María va acrecentándose con el tiempo y un día deciden separarse para dedicarse más a Dios: María se va nuevamente a su ermita de Caraquiz e Isidro permanece en Madrid.

 Cercano a los 90 años, Isidro enferma y María viene a Madrid para cuidarle. La tradición cuenta que su muerte se produce en la casa donde vivía un 30 de noviembre de 1172, siendo enterrado en el cementerio de la iglesia de San Andrés, donde los fieles acudían en masa para pedir gracias al que consideraban santo.

 Su esposa, marcha de nuevo a Caraquiz para dedicarse plenamente al cuidado de la ermita, además de a hacer obras de caridad. Se cuenta que a menudo caía en éxtasis y se le aparecía la Virgen. Murió en Caraquiz a una edad cercana a los 80 años, el 8 de septiembre de 1180. Fue enterrada en la sacristía de la ermita y allí permaneció durante cuatrocientos años hasta que sus restos fueron encontrados. El pueblo la consideró santa y como tal fue venerada, añadiéndose a su nombre el de la Cabeza por estar expuesta a la pública veneración la reliquia de su cráneo sobre el altar mayor de dicha ermita.

 Cuarenta años después de la muerte de Isidro, en 1212 se decide el traslado de sus restos al interior de la iglesia de San Andrés. Cuando abren el sepulcro, descubren su cuerpo incorrupto. En 1535 se construye la Capilla del Obispo para albergar el cuerpo del santo, donde permanece 20 años. En 1669 se construye una nueva capilla, llamada Capilla de San Isidro, donde el cuerpo fue venerado durante cien años. Actualmente y desde 1769, los cuerpos de San Isidro y Santa María de la Cabeza se veneran en el altar mayor de la Colegiata de San Isidro, en la C/ Toledo, nº 9 de Madrid.

 Además de los hechos milagrosos ya referidos, la tradición nos ofrece más de 400 milagros atribuidos a San Isidro, tanto en vida como después de su muerte, muchos de ellos perfectamente documentados. Fue venerado por el pueblo de Madrid como santo desde su muerte, cuatro siglos antes de su beatificación eclesiástica.

 El rey Felipe III se libró de una enfermedad por su intersección y solicitó su beatificación a la Santa Sede. El Papa Paulo V la decretó el 24 de junio de 1619, fijando la celebración de su fiesta el 15 de mayo. Gregorio XV le canoniza el 12 de marzo de 1622. Sin embargo, la muerte de este Pontífice hizo que se retrasara la Bula de Canonización de San Isidro “Ratione Congruit” hasta el 4 de junio de 1724, firmada por el Papa Benedicto XIII.

San Isidro es patrón de los labradores y patrón de Madrid. Su fiesta se celebra en Madrid desde 1621.

Las fiestas de San Isidro en Torrequebradilla

No sabemos desde cuándo se celebra en Torrequebradilla la festividad de San Isidro, aunque se supone que esta tradición viene de siglos atrás, dado el carácter eminentemente agrícola de nuestro pueblo. 

La imagen actual, como la mayoría de las que hay en nuestra iglesia, se compró después de la guerra civil. A partir de entonces, y a pesar de no ser fiesta local, siempre ha habido celebraciones y festejos en nuestro pueblo. 

Según recuerdos que guardo de mi infancia, en Torrequebradilla existían tres fiestas importantes: las dos de nuestros patronos, San Marcos en abril y la Virgen del Rosario en octubre, y la de San Isidro en mayo. Mientras las dos primeras las organizaba el Ayuntamiento, la de San Isidro corría a cargo de la antigua Hermandad de Labradores. 

A menudo las fiestas de San Isidro competían en importancia con las otras dos. A pesar de celebrarse veinte días después de las de San Marcos, el tiempo era por lo general más soleado y sobre todo era menos probable la aparición de la lluvia. Muchos años se daba la circunstancia de que la verbena de San Marcos no se había podido hacer por el mal tiempo y la gente esperaba con ganas la llegada de San Isidro para disfrutar del baile. 

Generalmente las celebraciones incluían misa y procesión del santo por los campos del pueblo, juegos infantiles, fútbol y verbena. Pero lo más característico era la instalación de una gran cuba de vino debajo del “árbol gordo” de la Plaza Mayor, de la cual todo el mundo podía beber de forma gratuita, hecho éste que era aprovechado por algunos para hacerlo sin moderación. 

Una vez desaparecida la Hermandad de Labradores, las fiestas se han celebrado con mayor o menor intensidad gracias a la colaboración y donativos de los labradores, comerciantes y pueblo en general, manteniéndose así viva esta tradición. 

En los últimos días se está ultimando la creación de una Hermandad de San Isidro, a la cual puede pertenecer la persona que lo desee, que entre otras cosas, ha encargado la restauración de las andas que portan al santo y la celebración de las fiestas de este año 2003 que se anuncian ya como las mejores de los últimos años (si las circunstancias meteorológicas no lo impiden).

Juan Bedmar González

Mayo - 2003

 

Escrito por:

Juan Bedmar González

Fecha:

Mayo de 2003