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HISTORIA / CORTOS HISTÓRICOS / Montepío. |
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A
la luz de los estudios consultados, el
Siglo XVII no acabó demasiado bien para los campesinos de
nuestra provincia. Sometidos
a un sistema feudal de reparto y explotación de la tierra, al
analfabetismo y a las penalidades propias del bajo nivel de vida de la
época, nuestros antepasados trabajaban de sol a sol por un salario que
apenas les permitía subsistir. Y lo que era más grave es que la única
alternativa que les quedaba era vivir de la caridad ajena. Para
colmo de las desdichas, la climatología de aquél fin de siglo fue durísima,
alternándose años muy lluviosos con otros donde la sequía era
absoluta. Pérdida de cosechas y animales, hambre y enfermedades epidémicas
causaron la muerte y la desolación por doquier entre 1677 y 1685. En
nuestro pueblo, la situación no era diferente. La casi totalidad de la
tierra pertenecía al mayorazgo de los Fernández de Córdoba, que en
aquél tiempo correspondía a D. José Francisco Fernández de Córdoba
y Mendoza, quien además y entre otros, ostentaba los títulos de Marqués
de Fuentes, Conde de Torralva y Talara y Señor de Torrequebradilla.
Este Caballero de la Orden de Santiago era descendiente directo de D. Iñigo Fernández de Córdoba, quien años antes mandó
construir el edificio que hoy conocemos como "el Palacio". En
el año de 1686, la situación en Torrequebradilla se hacía
inaguantable: los agricultores no tenían ni granos
para sembrar la tierra. Algunos, desesperado, emigraban a otras
zonas disminuyendo de esta forma la población de la Villa y los que quedaban no
veían cómo salir del atolladero. Ante
la desgracia, el Señor de Torrequebradilla reparte diferentes
cantidades de grano entre los labradores de la Villa, así como a los
vecinos de Torralva y el Turumbillo y a los arrendatarios de otros
cortijos de su propiedad con el fin de que pudiesen sembrar sus tierras,
a condición de que al tiempo de la recolección restituyesen la
cantidad prestada "con un celemín de creces". Esto
lo hizo igualmente en años sucesivos; con el ánimo de que si en el
transcurso de los años y a base de celemines se llegaba a reunir una
cantidad de grano "suficiente" se fundase en esta Villa un
Monte de Piedad. En agosto de 1728, el marqués de Fuentes hace la Escritura pública del Monte de Piedad, Congregación y Hermandad laical de Torrequebradilla, que dotó con dos mil setecientas cuatro fanegas, tres celemines y un cuartillo de trigo y seiscientas treinta y tres fanegas, un celemín y un cuartillo de cebada, con la misión fundamental de que "a todos los labradores y vecinos anualmente se les fuese dando y prestando de dichos granos para sus labores y necesidades y que esto fuese con la mayor comodidad y publica utilidad de dichos labradores y vecinos". En
la Escritura se definen las Ordenanzas y Estatutos por los que la
hermandad debía regirse: sistema de reparto, contabilidad,
gratificaciones a los responsables de la administración, medidas para
prevenir los fraudes y castigos para los que incurrieran en delito,
actuaciones en situaciones de sequía, etc. Se ordenaba asimismo la construcción en Torrequebradilla de una casa "cómoda y bien provenida con distribución de trojes o paneras para que en ella estén los granos". Como
nota curiosa podemos señalar que en el Capítulo 20 de los Estatutos se
ordena ¡que cada quinientos pesos escudos que son siete mil quinientos
reales se saque una dote de cincuenta ducados y no más, la cual será
para la doncella virtuosa y pobre, bautizada en la Iglesia de dicha
Villa para que se le entregue a su marido luego que conste estar casados
y otorguen carta de pago. Y si concurriesen muchas con las dichas
cualidades se echen suertes y se de a la que saliere. Y si no hubiese
doncella alguna próxima a tomar estado, será dicha dote para viuda
honesta y recocida que tome estado de matrimonio y sea natural de dicha
mi Villa y bautizada en la pila de dicha iglesia". Valgan
estas breves notas para dar testimonio de un hecho desconocido por
nosotros hasta hace poco y que seguro hubo de tener una gran
trascendencia en la Torrequebradilla del Siglo XVIII. Una
copia de dicha Escritura nos ha sido remitida, junto con otros
documentos relacionados con nuestro pueblo por la Casa del Marqués de
Valencina. Nuestro agradecimiento a D. Miguel Ángel Solís y Martínez
Campos, actual Marques y a D. Javier Linares, a su Administrador, que
nos atendió con el máximo agrado e interés. Juan
Bedmar González |
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Escrito por: Juan Bedmar González Recogido del libro: Feria y Fiestas de San Marcos `98, por Francisco Berrio Juárez Fecha: Mayo de 2003 |